La importancia del autocuidado en verano 

La importancia del autocuidado en verano 

Parece mentira, pero sí, la semana que viene empieza el verano. Sin embargo, cuando llega este momento, a veces la paz tan ansiada no aparece por ningún lado. Hablar de la importancia del autocuidado en verano en las primeras semanas de calor es fundamental porque, sin darnos cuenta, solemos convertir el descanso en otra lista más de obligaciones que nos impone la sociedad: hay que viajar (cuánto más lejos mejor), hay que ver a todo el mundo, hay que aprovechar el tiempo y, sobre todo, hay que ser inmensamente felices (subiéndolo todo a redes, obviamente).

En consulta, es muy frecuente recibir a personas que, paradójicamente, se sienten ansiosas justo cuando comienzan sus días libres. Llegan con la sensación de que no saben relajarse o se sienten culpables por estar de mal humor en la playa. Lo importante es empezar por aquí: la tranquilidad y el bienestar no llegan automáticamente por alejarnos de la rutina habitual o del trabajo. 

Pasamos once meses del año funcionando a trescientas revoluciones por minuto. Pretender que nuestro sistema nervioso pase de todo a nada en nuestro primer día de vacaciones es biológicamente imposible. Nuestro cuerpo necesita tiempo, estructura y, sobre todo, mucho autocuidado para bajar revoluciones, desactivar el estado de alerta, entender que por fin estamos a salvo y que podemos descansar. 

En este artículo vamos a ver cómo proteger nuestra salud mental y emocional durante esta época de cambio, entendiendo que cuidarse no es tener un verano de anuncio, sino un verano que te haga sentir bien de verdad.

Cortar el cordón: el reto de la desconexión del trabajo

Uno de los mayores obstáculos con los que nos encontramos a la hora de desconectar durante las vacaciones es esa “lealtad invisible” que nos sigue atando a las responsabilidades y obligaciones profesionales. La desconexión del trabajo no ocurre solo por poner un contestador automático en el correo electrónico, es un proceso biológico. Para ayudar a que nuestro cerebro cambie de escenario, estos son algunos consejos para desconectar del trabajo que solemos recomendar en consulta:

  • El cierre progresivo. No dejes para la última tarde las tareas más difíciles. Trata de cerrar los temas más complejos un par de días antes de irte de vacaciones. Gracias a esto, tu mente asimila el mensaje de que todo se ha quedado bajo control. 
  • Higiene digital. Si puedes, desactiva el correo del trabajo de tu móvil personal. Si entras a revisar la bandeja de entrada “solo por si acaso”, tu cortisol se disparará en segundos. 
  • Crea un ritual de transición. Haz algo simbólico cuando llegue tu último día. Puede ser ordenar un poco la mesa a conciencia o dar un paseo por un sitio distinto al salir. Este rito marca una frontera clara entre el empleado que rinde y la persona que se va a cuidar. 

Los cimientos básicos: cuerpo y mente en verano

Nuestros ritmos biológicos se ven alterados por el calor, los viajes y la falta de horarios. Al igual que no podemos pedir peras al olmo, no podemos pedirle a nuestra mente que esté tranquila si nuestro cuerpo está desregulado. Por eso, tenemos que fijarnos mucho en estos tres aspectos: 

  1. El sueño
chica durmiendo

Las noches de calor y la luz que dura hasta más tarde de lo habitual hacen que acabemos dando vueltas en la cama y complican el descanso. Dormir mal tiene relación con una mala gestión de la frustración e implica que nuestros “frenos” emocionales dejen de funcionar bien. A la hora de acostarnos, es importante mantener una regularidad, así como evitar las pantallas. De esta manera, ya estamos mejorando nuestro estado de ánimo del día siguiente.

  1. Alimentación

Ya sabemos de sobra que esta estación viene cargada de eventos sociales, lo que trae de la mano muchas terrazas y helados. En este tema siempre hay que intentar ser flexible. Una buena alimentación no tiene por qué significar dietas restrictivas, significa saber elegir bien entre las muchas opciones que nos ofrece el verano, como alimentos frescos para mantenerte hidratado y saber disfrutar sin que la voz de la culpa arruine el momento. 

  1. Actividad física

No te pedimos que salgas a correr a la hora de la siesta mientras hace un sol abrasador, pero dejar de lado por completo el deporte durante unos días no es la opción más recomendable. El verano es una muy buena época para practicar deporte. Por ejemplo, jugar al voleibol en la playa, nadar en la piscina o un paseo a primera hora de la mañana es suficiente para segregar endorfinas y liberar la tensión acumulada. 

Expectativas y límites: el roce de las vacaciones

El verano también trae consigo un foco de conflicto habitual como puede ser la convivencia ininterrumpida con la familia, pareja o amigos. Siempre buscamos que todo sea de película y olvidamos que somos humanos.

Para que esto no sea un problema, aquí van algunos tips para que en estas vacaciones podamos disfrutar de los nuestros como es debido: 

  • Reclama tus espacios individuales. Alejarte a leer un libro a solas o dar un paseo sin rumbo no quiere decir que seas egoísta o distante. Esto es una estrategia de regulación emocional necesaria para no saturarte de los demás.
  • Elegir tus batallas. No todo requiere una discusión y aprender a diferenciar lo importante de lo accesorio nos ahorrará mucha energía para emplear en otras cosas.

Cuidado con el “FOMO” y la productividad del ocio 

Aquí es donde entran en juego las temidas redes sociales. Las protagonistas del verano en las que queremos postear todo lo que hacemos. Y al igual que lo hacemos, los demás también, y esto deriva en que vivamos con el miedo constante a perdernos algo. Ver ese viaje por un destino exótico de tu amiga, conocido o el influencer de turno puede hacerte sentir que tus vacaciones no son “suficientes”. Y, por si fuera poco, a esto hay que añadirle la autoexigencia de tener que leer cinco libros, hacer una ruta de montaña y visitar todos los pueblos de la costa.

Si todo esto te genera estrés, déjame decirte que ya no es ocio. Y es que, se nos ha olvidado por completo cómo aburrirnos. Algo tan natural que hacíamos desde que éramos pequeños. ¿Qué hay de malo en dejar que la mente divague sin estímulos? Echarse la siesta sin poner el despertador o mirar las estrellas una noche de verano son de las mejores cosas que nos regala esta estación. En el aburrimiento es donde el cerebro procesa lo vivido en otros días más intensos y se repara.

Permítete ser tú mismo

Ya has podido ver que el autocuidado en verano no se mide en cuántos planes tachas de tu lista ni en los destinos exóticos que visitas. El autocuidado se basa en escuchar qué necesitas cada día. Puede que un día sea socializar, pero al siguiente quieras estar en silencio. 

La fórmula correcta de vivir estos meses no existe. Baja el ritmo, sé compasivo contigo mismo y el tiempo que tardes en desconectar de la vida tan frenética de la que vienes y respeta tus límites. En resumen, disfruta de tu libre albedrío. El objetivo final no es volver con el carrete lleno de fotos increíbles, sino volver sintiendo que habitas un cuerpo y una mente mucho más tranquilos y habiendo recargado las pilas.